EL DR. SERGIO RULICKI ANALIZÓ EL DEBATE PRESIDENCIAL EN LA NACIÓN

El debate entre Sergio Massa y Javier Milei sirvió, en primer lugar, para que quedaran configurados con la más absoluta claridad los personajes de la contienda: Massa es político profesional y Milei es un excéntrico que viene de afuera.

Massa, como todo profesional de la política globalizada, es un experto en comunicación televisiva clásica, muy entrenado. Como todo buen animador/conductor/periodista de la televisión, utiliza muy apropiadamente los gestos que realiza con sus manos para darle la mayor proyección posible de asertividad y credibilidad a su discurso verbal.

Milei, en cambio, representa un personaje académico que, si bien utiliza terminología propia de su especialidad, tiene un estilo expresivo que lo aleja del arquetipo del profesor universitario tradicional. Esto se debe, fundamentalmente, a la intensidad de su gestualidad facial, que a muchos les resulta exagerada y molesta, aunque muchos otros las apreciarán por considerarlas genuinas. Milei no oculta su sarcasmo y lo expresa abiertamente con sonrisas deliberadas y otros gestos de desestimación.

El personaje de Massa se muestra aplomado, con movimientos de la cabeza, del torso y de los brazos acompasados y precisos, y expresiones faciales de intensidad moderada, emocionalmente congruentes con el relato. El lenguaje corporal de Milei presenta mayor rigidez, ya que se muestra quieto y con el mentón elevado.

En el caso de Massa, su enunciación conlleva una prosodia apaciguadora, con un volumen medio y un tono basal, que aunque agudo no presentó estridencias, es decir, que no dejó filtrar indicios de inseguridad. La voz de Milei tiene más cuerpo, pero es más estridente, sobre todo cuando se altera un poco.

Por momentos daba la impresión de que se trataban como viejos amigos, ya que Milei lo llamaba Sergio, y Massa recordó las reuniones compartidas en su oficina de Avenida del Libertador, y la supuesta pertenencia de Milei al espacio del Frente Renovador. Massa utilizó muy bien este recurso para ponerlo en el lugar de un subordinado, y constantemente se refirió a él como “este señor”, utilizando el claro lenguaje distanciador que se utiliza cuando no se aprecia a alguien.

Durante el debate sobre convivencia democrática ambos cayeron a su nivel más bajo: en la medida en que se iban quedando sin tiempo, sus declaraciones se volvieron cada vez más escuetas y chicaneras, dando lugar a algo más parecido a un juego de “Feliz Domingo” como el “Sin repetir y sin soplar, en 30 segundos, palabras que empiecen con la letra…”.

El peor momento de Milei fue cuando trajo a Santoro al debate (alguien que compitió y perdió por un puesto muy inferior) como su contraste. Se refierió a que Santoro lo quería censurar, pero “mirá vos, ahora estoy peleando la presidencia». Massa, en cambio, habló con las palabras y gestos de un Presidente electo.

En cuanto a los furcios, que representan inseguridad, durante los dos minutos de cierre ambos tuvieron un mal momento: Massa pidió que el Norte “recupere las asimetrías” y Milei preguntó si preferíamos inflación o “estabibilidad”.

Milei quiso debatir ideas, como si estuviera en un aula universitaria. Massa sabía perfectamente que se trataba de otra cosa y, por lo tanto, prometió, prometió y prometió sin descanso. ¿Por quién va a optar uno, por el político profesional que es un buen vendedor de ilusiones o por el economista excéntrico que habla en difícil pero es genuino?

El momento más absurdo del debate fue cuando Massa cuestionó la salud mental de Milei, y Milei cuestionó la de Massa. Lo central terminó siendo quién es peor: el que propone ideas nuevas, aunque también sean viejas, o el que vuelve a prometer lo mismo que jamás ha cumplido.

El autor es doctor en Comunicación Social por la Universidad Austral.

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https://www.lanacion.com.ar/politica/un-debate-sobre-quien-es-peor-nid13112023/

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